0021. Sopa de Piedras

2009,Febrero12

En tiempos de guerra, un soldado que había huido del campo de batalla, tras más de 5 días de caminar, exhausto y magullado, llegó a un pequeño pueblo, del cual ni si quiera sabía el nombre o dónde se hallaba.

 

El soldado llegó al atardecer y tras beber de la fuente de que manaba en una pequeña plaza central de piedra, puerta tras puerta, fue golpeando en la veintena de casas que había en el pueblo pidiendo, no cobijo, sino un poco de comida, tan sólo un triste trozo de pan que echarse a la boca para acallar los gritos de su hambre. Pero los lugareños, gañanes y campesinos que no hacían más que pasar penurias por la dichosa guerra, reacios a dar nada de lo poco que tenían para comer, echaban al forastero vestido con las ropas que les habían traído esos malos tiempos.

 

Entrada ya la noche, el soldado estuvo buscando un buen haz de maderas que amontonó en un cobertizo de piedra derrumbado y, entre maderas y piedras, durmió cuando su estómago le dejó hacerlo.

 

A la mañana siguiente le despertaron curiosos los niños del pequeño pueblo. Padres y madres andaban ocupados buscando qué comer y los niños, ávidos de la novedad que les sacara de la pobreza en que vivían se acercaron sin miedo al soldado y este, tras reunirlos en el cobertizo les habló:

 

Malos tiempos nos toca vivir… Nada que comer para nadie, ni ricos, ni pobres, ni soldados ni campesinos.

 

Tras una breve pausa prosiguió ante los expectantes pequeños que atentos escuchaban:

 

Hmmmm… Recuerdo ahora, incluso me viene el sabor a la boca, de la deliciosa sopa de piedras que mi abuela hacía cuando yo era niño. Qué buena estaba. Qué sabor. Qué olor mas rico hacía el caldo mientras la preparaba…

¿Sopa de piedras? -le espetó uno de los niños- Pero si las piedras no se comen, tonto!

¿Como que no? Mi abuela hacía la mejor sopa de piedras de toda La Mancha, y os lo demostraría si tuviera una olla grande donde hervir el agua.

 

Y de un sobresalto, uno de los niños casi gritó:

Mi tío tiene una muy grande en el granero y está en campo!!

 

Así que, tras convencer al niño, éste fue a por la olla.

Mientras, el soldado iba con los niños seleccionando, de las piedras caídas del cobertizo, las que según él explicaba, eran más sabrosas. Luego, fue con ellos a la fuente y las lavó muy cuidadosamente mientras les explicaba anécdotas de soldados que hacían reír a aquellos pequeños.

Cuando tuvieron todas las piedras bien limpias, el chico estaba en el cobertizo esperando con la olla de su tío. El soldado fue a llenarla a la fuente y le costó mucho llevarla al cobertizo de nuevo. Tras 5 o 6 días sin comer, pocas fuerzas le quedaban.

Cuando la tuvo allí, rodeado por los niños, juntó unos cuantos leños y con un viejo mechero que sacó del bolsillo y un poco de paciencia, consiguió poner la olla en un generoso fuego.

 

Al rato, el agua empezó a hervir, y tras echar las piedras a la olla, como pensando en voz alta, dijo:

Hmmmm… Ahora que recuerdo.., sí, esta sopa es como la de mi abuela, sólo que ella, para hacerla más sabrosa le ponía alguna hierba y algunas cebollas. Qué bueno sería poder cocer estas piedras con unas cebollas!!

Mi madre guarda un buen manojo bajo la alacena! -gritó otro niño y sin mediar palabra corrió a su casa volviendo con cinco grandes cebollas algo revenidas.

Estas cebollas son perfectas.

 

El soldado las echó al agua con las piedras y al poco volvió a decir:

Esto ya huele diferente, pero.., ahora que recuerdo.., la sopa de piedras que hacía mi abuela también llevaba tomates, y qué sopa aquella con tomates!!

 

Nadie tuvo que decir nada más, otro de los niños corrió a su casa y trajo a escondidas media docena de tomates maduros.

 

Así, entre recuerdos, pensamientos y anécdotas de guerra, el soldado consiguió que los niños le fueran trayendo verduras, chorizo, una morcilla, algo de panceta, huesos de jamón, patatas, garbanzos y hasta un gran cucharón.

 

Estaba atardeciendo ya cuando el soldado dijo:

Ésta, ésta es la sopa de piedras que hacía mi abuela!

 

Y seguidamente, con el cucharón, sacó las piedras, una a una, del gran puchero.

 

Mientras el soldado sacaba las piedras de la olla los padres y madres de aquellos niños que habían ayudado a hacer la sopa de piedras volvían del campo y guiados por el intenso y agradable aroma de aquel cocido, fueron a parar al cobertizo, donde encontraron al soldado sacando la última piedra de la sopa. Éste les miró a todos y tras enseñarles la última piedra todavía en el cucharón, les dijo:

Sus hijos me han ayudado a hacer la sopa de piedras que hacía mi abuela, y como esta olla es tan grande, hay de sobras para todos.

 

Los campesinos callaron. Alguno se acercó a ver el puchero. Otros miraron con más distancia, hasta que uno de ellos dijo:

¿Así que eso es una sopa de piedras? -todos callaron mientras el hombre miraba pensativo al soldado, esperando cual sería su reacción.- Pues para comer una sopa de piedras como esa hará falta una buena hogaza de pan, no se puede comer una sopa de piedras sin pan.

 

Tras unos segundos, una mujer echó a reír, y tras ella, otros más. Pronto, la treintena de personas que rodeaban a los niños y al soldado estaban riendo, y casi sin darse cuenta se estaban organizando, entre todos, para abastecer de platos y cucharas a todos los del pueblo.

 

Esa noche todos en el pueblo cenaron sopa de piedras. Todos en el pueblo rieron juntos, alrededor de una hoguera, sin acordarse de la guerra o la pobreza, comiendo y oyendo cómo el soldado y los niños habían cocinado esa sopa, que a todos les supo, y todavía hoy la recuerdan, como la mejor sopa de piedras del mundo.

 

Si has leído la historia entera, si has llegado hasta aquí.., aplícate el cuento.

 

Vendo fotografías en un barrio.., puede que no sea pobre, pero no dista mucho de serlo, y ahora es el tiempo perfecto para, entre todos, intentar hacer, en la medida que nos sea posible, una buena sopa de piedras.

 

Buen karma a todos y un gran saludo.

 

No os podéis imaginar el gustazo que da poder tener una copia de una fotografía propia en grande, pero cuando digo grande, quiero decir grande.

La semana pasada imprimí una foto en B/N de una clienta (una niña preciosa) a 110×180cm, y ver una cara de más de 70 cm de alto, impresiona.

 

Animo a quien se lo pueda permitir (está la cosa muy mala) a que invierta en una buena copia en gran formato y regalo a amiguetes una muestra (aludidos podéis enviarme un e-mail…).

 

José, anímate y mándame tu mejor foto, que todavía te debo un favor.

 

Encabeza mi desordenado escritorio una única foto, la tuya. Todavía no tengo otra que iguale lo que me transmite ésta. Para muestra, un botón:

 

Detalle de la foto que "preside" mi escritorio

Detalle de la foto que "preside" mi escritorio

Buen karma y un saludo.

0019. TRUE BLUE

2009,Febrero5

¿Qué hace un gañan que vive del arroz en tiempos de extrema sequía?

¿De qué puede vivir ese labriego si quien le provee de semillas le quiere cerrar el grifo?

¿Qué puede hacer este hombre si el hacendado le amenaza con quitarle el cobijo?

Son tiempos malos para todos. Para todos, sí. Mi padre no recuerda una crisis como esta desde poco después de nacer yo. Pero el hecho es que lo hecho.., hecho está.

La respuesta a las preguntas es fácil. Cuando un gañán ve sus campos secos y mil y un problemas se le echan encima, lo que tiene que hacer es levantar dar un par de pasos atrás y ponerle huevos. Busca a quién te venda trigo y planta secano.

Mi abuela dice que su padre nunca paró, que cuando no fueron uvas, fueron patatas, melocotones, peras, manzanas y hasta moras. Lo que pudiera crecer en la tierra.

Ahora es un buen momento para promover nuevos negocios en esto de la fotografía, y yo tengo una muy buena idea y un buen abogado (mejor amigo, por cierto). Así que voy a aprovechar que todo el mundo está llorando por el arroz que no puede sembrar en charcos para llenarme la boca de polvo sembrando lo que sea que crezca en la tierra más seca que he visto desde que nací.

Me parece que lo he dicho ya en algún sitio, somos tal y como nos enfrentamos a los problemas que nos vienen. La manera de sortearlos es la manera en se nos puede definir. Así que vamos a sacudir un poco esto de la fotografía digital, aunque sólo sea a nivel nacional.

Yo os venderé lo que os hace falta a buen precio y vosotros tendréis que confiar en la promesa de un samurai que se dedica a cosechar.

Algunos me conocen, saben quién soy. Otros no. A no muy tardar, sabréis de mi. Cuando por la tele veáis un anuncio de algo nuevo en este mundillo digital.., ese seré yo. Así que tened presente que soy de aquellas personas que firmaban estrechando la mano contratos de por vida, inquebrantables e inamovibles.

Esa expresión inglesa me encanta, no sé porqué, porqué Madona no me gusta, pero lo digo: “True Blue”

Buen Karma para todos.

Un saludo.

0018. 24

2009,Febrero5

Los hechos que suceden a continuación transcurren entre las 00:40 y las 01:40 horas.

 

Soy Jack Bauer.

 

(trigésimo capítulo de la 4ª temporada de 24, todas las temporadas seguidas)

 

Hoy es la cuarta noche que paso sin dormir. Ni una cabezada. Apenas un par de bostezos al día. Eso sí, 0 Diazepam (todo lo demás en orden) y a tope de jalea, ginseng y bayas Goji.

 

El primer año que me diagnosticaron insomnio crónico, varios médicos me dijeron que era imposible no dormir más de tres o cuatro días seguidos. Es mentira. Estoy a la mitad de mi record, pero mañana se acabará esta cuarta temporada en pase continuo.

 

Entre mis patologías más notables están el Insomnio Crónico y el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC).

 

Hasta hace poco, eran problemas serios a los que he tenido que amoldar mi vida y la de algunos que me rodean. Los más cercanos. Los que me quieren, de hecho.

 

Ahora, sigo siendo autónomo. He cambiado las herramientas de artesano de la construcción por las de artesano de la imagen y me encuentro con que tengo un negocio, una pequeña PYME en la que el horario se resume a la famosa fórmula “24×7”.

 

Ya no me limitan los horarios solares. La luz deja mella con el paso del tiempo a quienes trabajan a la intemperie.

 

Ya no me limitan los horarios sociales. Puedo ejercer mi profesión sin molestar a nadie por tarde o temprano que sea.

 

Y más importante aún. NO me limitan mis patologías. De hecho, forman parte de mis herramientas. Es un hecho diferencial para con mi competencia.

 

Puedo trabajar 70 u 80 horas sin dormir, sin molestar a nadie y además, ese pequeño gran trastorno por la perfección hace que mi trabajo sea lo más pulcro que puedo ofrecer aún a precios de.., iba a escribir mierda, pero lo correcto es poner “crisis”.

 

Lo peor de todo esto es que cuando estas patologías son amigas, ayudas y herramientas, son, al mismo tiempo, impedimentos y fuente de distanciamiento familiar cuando por desconocimiento hay una falta de empatía por uno u otro lado. Pero son problemas que resuelve el amor. El amor lo puede todo.

 

El otro día hablaba con mi mujer sobre los tratamientos que sigo. Soy un yonki “legal”. Las medicinas que tomo a diario son más adictivas que el tabaco o el alcohol, y el día que se me olvida alguna, lo noto. Lo noto mucho. Eso me gusta y a mi mujer le preocupa.

 

Lo que ella no entiende es que lo que me gusta no es estar enganchado a ningún medicamento. Lo que me gusta es el reto que supone el tener que enfrentarme a la situación, cuando llegue, de “desintoxicarme”, porque, francamente, no sé si quiero dejar de ser insomne o un puto perfeccionista.

 

De todos modos, el resultado ya lo sé. Hay personas más importantes para mi que yo mismo, y ellas son las que dictarán lo que pase. Mientras tanto, voy a estrujar al máximo las herramientas de las taras psicológicas que la vida me ha dado.

 

Sigo siendo un gañán, un fotógrafo, un paleta, un insomne y un tarado, pero sigo sin saber quién soy. No obstante, no es tan malo. Tengo un Norte bien definido. Quiero y amo a mis seres queridos y amados.

 

A los que estáis y los que no están, buen karma.

 

Gracias José por el toque, dejar escrito lo que no sé expresar relaja los hombros y la espalda.

 

Un saludo.

0017. Regla 2: 2+1

2009,Enero31

Ética y estética fotográfica

 

 

Historia de la fotografía, grandes maestros, grandes mitos de antes, de ahora, los que vendrán y los supuestos gurús.

 

Reglas escritas, hermanas o primas del arte de pintar, de esculpir, de grabar… 

 

Mil y una teorías sobre colores, la gran y omnipresente serie de Fibonacci: la Proporción Áurea y sus consecuentes reglas de oro. Inquebrantables. Flexibles. Sólo depende del quién y del cómo, el cuando es relativo.

 

La ética. La Ética. La gran Ética fotográfica que, al fin y al cabo, responde siempre a valores cuestionables y, en muchos casos, a opiniones basadas tanto en el conocimiento como en la experiencia, donde quizá, en mi opinión, tenga más peso la vida que la cultura. La Ética.

 

La estética. También con mayúsculas. Estética. Todo ese compendio de normas y reglas escritas, contadas o no (hay quienes se creen guardianes de grandes secretos o simples mercenarios del saber) que también moldea, sí o sí, la experiencia tanto del que ve y hace historia de lo visto como del que observa y hace memoria de la historia vista.

 

Todo esto y todo aquello que está en los libros, todas las grandes hazañas y todas las grandes vidas vividas que han dejado huella, todos esos productos que han marcado historia en papeles, ya sea en letras o imágenes, que tanto apasionan y que tanto llenan ojo, mente y espíritu.., no valen. 

 

¿No valen?

 

Llevo medio año mercadeando con fotografía, vendiendo mi experiencia cultural, mi experiencia de vida, vendiéndome a mis iguales, en un barrio donde ser “mileurista” es un lujo y le ética y la estética, las que se escriben con mayúsculas, la Ética y la Estética, quedan, a priori, en un segundo o tercer plano.

 

El segundo mes de vida de mi empresa familiar, llegué a plantearme si merecía la pena vivir ahogado en deudas, si era mejor sobrevivir haciendo trabajo de mi pasión o vivir cómodamente haciendo trabajo con mi oficio. No entendía porqué la Ética y la Estética, a precios de “mileurista” no hacían entrar a mucha gente en mi tienda ni en mi estudio.

 

Luego me di cuenta de que lo que intentaba vender no era lo que mi barrio o mi ciudad necesitan, por eso ahora me adjetivo, más fuerte, con más orgullo que nunca y también, por supuesto, con mayúsculas: soy Fotógrafo de Barrio.

 

La Ética y la Estética son fundamentales en mi trabajo, son cruciales a la hora de marcar la diferencia entre mi fotografía y la de los dinosaurios fotográficos de la mafia perenne que me rodea, pero ni esa Ética ni esa Estética que tanto he valorado (y valoro, para qué engañarnos) valen para nada si no tienes la suficiente empatía para con los que quieren tu fotografía.

 

He visto como una persona rechazaba un trabajo de más de 5 horas entre tomas, revelados y retoques por 50€, y veo ahora como la misma persona me pide trabajos de 10 minutos por el doble.

Tras aprender todo lo que he podido sobre las mayúsculas del título del foro y seguir en ello, he tenido que aprender, otra vez, que la vida sigue su propio curso.

 

Cada vez estoy más convencido de que la fotografía sigue una línea de aprendizaje y desarrollo exactamente igual a la de las artes marciales puras.

 

Por eso al final, lo que cuenta es qué haces con esa Estética y esa Ética. Es difícil, muchas veces, dejar de ver un becerro de oro para saber que hacer con la piedra.

 

En las escuelas de artes marciales, cuelgan tablillas con una serie de reglas de obligatorio cumplimiento, no solo en el dojo, sino en la vida del estudiante, practicante o profesor. 

 

En UnagiStudio hemos adaptado esa forma de hacer.

 

Regla de oro número 1:

   “No sólo vendemos fotos, retoques, marcos, pilas o cámaras. Trabajamos y tratamos con la gente, su vida y sus recuerdos y está en nuestras manos hacer que la vida de alguien sea, en medida de lo posible, un poquito mejor.”

Regla de oro número 2:

   “Aprendemos de los libros, de los maestros, vivos o muertos, de nuestra vida y de la de quienes nos pueden y saben aconsejar, pero aprendemos sobretodo a como compartir esto con el cliente dando así, como resultado, más valor a la Regla de Oro número1.”

 

Si esta pequeña declaración de intenciones puede generar debate.., siempre estoy/estamos dispuestos a aprender.

 

Pd: a todas aquellas personas que se rieron cuando les dije que iba a ser un fotógrafo de barrio.., soy Fotógrafo de Barrio, con Ética y Estética. Me estoy comiendo a la competencia y vivo de mi pasión haciendo feliz a quienes me rodean. Me muerdo la lengua y no doy nombres ni esputo improperios (pese a ser lo que suelo hacer, para bien o para mal) -tenía que dejarlo escrito-.

Hoy he tenido 2 sesiones con niños, uno que hacía poco que andaba y una que apenas dice tata.

Me encanta hacer fotos a los críos. Los padres me dicen que tengo mucha paciencia, pero hay que meterse un poco en la piel del niño: entras a un sitio que desconoces en donde hay un tío grande, calvo y con barba que sí, te dice chuminadas para que te rías, pero tengo cara de malo… Luego hay unas luces gigantes que te ametrallan sin saber porqué y tus padres no quieren que te muevas, que vayas bajo su protección.

Tiene que ser difícil para un niño pequeño.

¿Mi método?

Les hago venir tres o cuatro veces antes a pasar 10 o 15 minutos conmigo, sus padres y los juguetes que tengo, y así pasamos tres o cuatro buenos ratos al lado de las luces gigantes jugando.

Cuando vienen a la “definitiva”, ya no hay miedo ni yo doy miedo. Lo único que hacemos es cambiar la forma de jugar. Ellos me enseñan cómo juegan mientras yo les hago fotos.

 

A todo esto, estas visitas previas no las cobro. Tengo un amigo del ramo que me tilda de gilipollas (de buen rollo, claro) por estar perdiendo tiempo y dinero, pero siempre contesto lo mismo:

“Yo soy un gañán, y mi trabajo es sembrar, cuidar el campo y recoger frutos de la mejor calidad, tu te dedicas a hacer crecer todo lo que te quepa en un invernadero explotando tierra que va perdiendo fertilidad.”

 

Ética laboral en UnagiStudio. Regla 1:

   “No sólo vendemos fotos, retoques, marcos, pilas o cámaras. Trabajamos y tratamos con la gente, su vida y sus recuerdos y está en nuestras manos hacer que la vida de alguien sea, en medida de lo posible, un poquito mejor.”

 

Por cierto, en las dos sesiones de hoy, abuela y madre se han ido, más que satisfechas, contentas tanto con las fotos como con el trato por parte de toda la empresa: mi mujer, yo y mi hijo (un niño de 8 meses, guapo y de casi 12 quilos da muy buena imagen al vender fotos infantiles, no sé si de grande me pedirá beneficios con caracter retroactivos…).

 

Estoy de luto, hoy no puedo dar karma.

 

Un saludo.

0015. Ángeles y Guerreros

2008,Noviembre25

Honorato de Diós, descanse en paz y viva siempre entre los que le echaremos de menos.

 

Unagi&me

 

 

Un triste saludo.

En la madrugada del 22 al 23 del presente mes, estando yo trabajando en mi nuevo y chanante estudio, trabajando las sesiones hechas con mis nuevos y chanantes cacharros digitales, mientras hablaba con mi primo por Skype (él en Japón, yo sito en Cataluña…), de golpe y porrazo, de sopetón, a eso de las 5 de la mañana, creo, todo se apagó.

A ciegas fui al cuadro de luces y estaba todo bien, todo correcto.

Me fui a casa y escribí alguna entrada anterior a ésta.

Luego, con la luz del día descubrí el motivo del apagón, un fusible en la escalera por la cual entra la acometida de la luz, de hace más de 30 años totalmente fundido.

Que pedazo de mamones los dueños del local. No sólo es un fusible viejísimo e ilegal por salirse de la normativa vigente, es que además, les había saltado antes y lo habían recauchutado con filamentos de cobre a más no poder y cuando se ha quemado se ha fundido todo en una pelota negra de plomo, latón y cobre que ha dejado alucinado al de la ferretería.

No es de extrañar cuando al venir el chico de la empresa de extintores nos dijo que el que había allí no se revisaba desde el 96 (y estamos hablando de una tienda de ropa, en la que por ley deberían haber tres y en condiciones óptimas).

Así que hoy Lunes, que sólo abrimos por la tarde, tengo que bajar a colgar el cartel de “Cerrado por avería” con su consecuente “Disculpen las molestias”.

 

Eso sí, ayer descansé toda la tarde y no hice  nada de nada. Mi espalda y mi pierna lo notan.

 

Un saludo y buen karma.

Esta semana, además de malas noticias (secuelas preocupantes de un accidente de hace unos meses) he conocido a gente nueva. 

Entre médicos, resonancias magnéticas con ritmos de música de “pelaos” y tacs del coco, he hecho más de “public relations” que de fotógrafo.

 

He conocido a jefes de empresas del sector fotográfico en ambientes bastante amigables, lo cual me ha dado la oportunidad de explicar, de hablar sin parar, sobre las mil y una ideas que tengo y las tropecientasmil cosas que no hay y deberían haber (según mi siempre personal punto de vista).

Como resultado, el día 27 me han invitado como parte de una empresa (que me han colado, vaya) a una jornada de día completo de “Master Class en impresión de calidad de HP, con muestras y regalitos de sus últimos productos, y antes de verano seguramente vaya a Las Vegas, a una feria del sector, a gastos pagados.

Soy un pesado que no se calla ni debajo del agua (aunque hago silencios para escuchar también a los demás), pero tengo tanta pasión como el Cristo de Mel Gibson (por cierto, me parece cojonudo rodar una película en lenguas muertas y no doblarla en ningún idioma, olé sus webbs), y esa pasión parece que me convierte en un imán de esperanza, buen rollo y oportunidades a los ojos de cada “Boss” que conozco.

Soy una persona optimista.

 

Buen karma a todos (veis como soy un pesado?!).

 

Un saludo.

0012. Aquí mando YO

2008,Noviembre23

Me muevo entre algún que otro dinosaurio y alguna que otra lagartija que siguen anclados en el pasado. Trabajan con tecnologías digitales (limpias, rápidas y casi sin terceros) pero siguen cobrando como se cobraba hace 20 años.

El precio de un reportaje medio está por mi zona entre unos 100 y 120€. En él ofrecen 10 o 12 fotos en un álbum que suele ser limitado a cuatro colores y bastante cutre. Luego depende del acabado es más caro: la foto a pelo (que son impresiones mayormente) es lo que entra; lo que llaman pre-digital, es montar dos fotos en una (sique siendo una impresión) y luego está el digital del todo, en el cual la foto no está pegada, sino que es la página (a una o dos caras, lo que quieras pagar).

Luego vamos a la foto extra, que aquí es donde se sigue estando en los 80. Lo normal, al menos por aquí, es cobrar entre 6 y 8 € por foto extra.

Vale, estoy de acuerdo en que cada foto extra tiene un valor. Metes a una persona en un estudio profesional, amortizas máquinas y cobras tu tiempo por esa foto. Hasta aquí perfecto, cada uno pone su precio, que más o menos es parecido y andando.

¿Dónde está el problema?

El problema es que se hace pagar al cliente el valor de la foto tantas veces como copias quiera de UNA MISMA FOTO, y esto es tirarse piedras en el tejado de uno mismo.

Yo hago un reportaje. Mientras más fotos haga mejor, sobretodo si son niños. Luego hago la criba y por lo normal, no salen menos de 200 fotos buenas. 

En mi reportaje entran 10 fotos digitales. Yo tengo mi minilab y yo monto mis álbumes con una calidad mínima de la cual no quiero bajar.

A la hora de cobrar el valor de la foto, mi precio, en estos tiempos de recesión, es de 5€ por foto extra.

Es un precio barato, pero tengo un negocio en un barrio de clase obrera, media-baja, estoy empezando y no puedo hacerle pagar a quien no puede lo que a mi me gustaría ganar.

El cambio que ha supuesto mi intrusión en el micro mercado fotográfico de mi zona es la venta de esas fotos extras. Vamos por partes:

Primero, cada foto extra tiene un valor, ya lo he dicho, pero se paga una vez. Cuando el cliente ya ha pagado ese valor, si quiere otra copia no hay negativo, no tengo que llevarla a un laboratorio en donde me la positiven y hagan la copia en papel. Una vez ha pagado ese valor, que para mi ahora son 5€, todas las copias extra iguales de esa misma foto valen céntimos de € en mi minilab. Cobrarle 5€ por cada copia igual que el cliente quiera (una para la abuela, otra para la suegra, otra para los padrinos…) es engañar al cliente. Eso creo (puedo, desde luego, estar equivocado, pero tendrás que convencerme de lo contrario).

Segundo. Si de las más de 300 fotos que seguro salen de una sesión media, tras la criba quedan, por redondear, 200 buenas, a unos padres (aaaaah, estos pequeños maravillosos monstruitos…) no les puedo pedir 1.000€ por llevarse todas las fotos porque, a los padres, siempre les gustan todas las fotos. Lo más eficiente es pactar un precio por un CD con el paquete de fotos y dejarles a ellos que elijan qué y dónde imprimir sus copias. Hasta ahora, todos se han quedado CDs de entre 150 y 300 fotos en precios de entre 200 y 350€. Además, las han impreso todas en mi tienda y se han llevado uno o dos álbumes para guardarlas.

A mi no me interesa tener 200 fotos muertas de risa en un disco duro y una familia de mi barrio no puede pagar 1.000€ cuando una foto extra vale 5€ y quieren 200 fotos extras.

Así trabajo yo y por como van yendo las cosas, el que quiera sobrevivir a mi alrededor va a tener que adaptarse a esto.

Es parte de la filosofía de la empresa, no se trata de sólo de vender fotografía, también hay que intentar mejorar la vida de los demás, es el karma.

Por eso, en mi fotografía de aquí y de ahora.., MANDO YO.

No hay porqué guardar secretos, hay mercado para todos. No hay que tener miedo.

 

Un saludo y buen karma a todos.